Sin pandemia y sin ningún factor extraordinario que justifique una emergencia financiera, el actual gobierno ya llevó la deuda del país a USD 3.400 millones en apenas dos años y unos meses.

Esto representa más del doble de lo que contrajo su antecesor colorado en el mismo periodo. Y aun así, lejos de mejorar las cuentas públicas, Paraguay sigue acumulando nuevos compromisos: ya se habla de otras deudas por USD 2.000 millones.
La gran pregunta que se hace la ciudadanía es simple ¿Dónde está toda esa plata? Porque no se observa un salto en infraestructura, ni en salud, ni en educación. Lo único que crece es la preocupación por el endeudamiento acelerado que compromete a las próximas generaciones.
Un país sin crisis sanitaria, sin guerra y con ingresos históricos no debería endeudarse a este ritmo. Pero la realidad muestra otra cosa.


