En plena Nochebuena, mientras muchos celebraban alrededor de una mesa llena, una mujer sin hogar jugaba con su pequeño hijo bajo la luz de la noche.

No había regalos, ni árbol, ni lujos… solo risas sinceras y un amor que no conoce carencias.
A veces, la verdadera Navidad no está en lo que tenemos, sino en con quién lo compartimos.


