OscarFlorentin: Con la voz quebrada y el miedo instalado en el pecho, doña Pascuala Trinidad de López, de 71 años, denuncia vivir una pesadilla cotidiana. Su propio hijo, Bernardo Ramón Fernández Trinidad (46), diagnosticado con esquizofrenia, la amenaza de muerte y recorre el barrio portando armas blancas, mientras las autoridades —según afirma— no responden con la urgencia que la situación exige.

La mujer, domiciliada sobre la calle Basilio Quevedo del barrio San Antonio, asegura que el peligro es constante. Tanto así, que se vio forzada a abandonar su propia casa y refugiarse en viviendas ajenas para salvar su vida. No duerme tranquila. No vive tranquila. Sobrevive.
El antecedente es grave y está documentado. Hace aproximadamente tres años, su hijo la habría golpeado brutalmente, hecho que derivó en una denuncia y en la privación de libertad del hombre, periodo durante el cual recibió tratamiento psiquiátrico. Al recuperar la libertad, logró cierta estabilidad. Pero esa calma fue frágil.
Desde la última Navidad, todo volvió a desmoronarse. El hombre abandonó la medicación y comenzó a consumir alcohol, combinación que —según su madre— lo vuelve altamente violento e impredecible. Hoy, el riesgo ya no es solo una advertencia: es una amenaza concreta.
Con lágrimas, doña Pascuala relató que en la jornada de hoy su hijo habría amenazado a un vecino con un arma blanca y que actualmente deambula por el barrio con dos cuchillos, preguntando insistentemente por ella. Ella sería su principal objetivo.
Desesperada, la mujer tocó todas las puertas: Comisaría, Fiscalía y Defensoría Pública. La respuesta, hasta ahora, fue el silencio institucional. Le indicaron que vuelva mañana a la Fiscalía. Mientras tanto, pasará la noche escondida, con miedo, esperando no convertirse en una estadística más.
“Esto es serio, esto es urgente”, reclama la madre, con la impotencia de quien ya hizo todo lo que estaba a su alcance. Exige que su denuncia sea tomada con la gravedad que amerita, que se adopten medidas inmediatas, como una orden de captura, y que su hijo sea derivado a un centro adecuado, donde pueda continuar su tratamiento bajo resguardo.
El mensaje es claro y duele: si no se actúa ahora, después será tarde. Aquí no solo está en riesgo una madre de 71 años, sino todo un barrio… y también un hombre enfermo que necesita atención, no abandono.


